El secretario del Tesoro, Scott Bessent, advirtió el 21 de julio que Estados Unidos podría imponer sanciones a China por el presunto robo de modelos de inteligencia artificial estadounidenses, lo que indica una línea más dura por parte de Washington incluso cuando las dos potencias se preparan para abrir una nueva ronda de discusiones bilaterales sobre IA. Los comentarios, informados por CNBC y Bloomberg, añaden nuevo combustible a una creciente rivalidad tecnológica que no muestra signos de enfriarse.

Mientras la administración Trump sopesa cómo controlar la propagación de potentes sistemas de inteligencia artificial, Bessent dijo que Estados Unidos examinaría los modelos de inteligencia artificial chinos en busca de evidencia de robo de propiedad intelectual y podría utilizar sanciones como herramienta para responder. Bloomberg caracterizó el mensaje como una declaración de que Washington tiene la intención de controlar si las empresas chinas están construyendo sus modelos con tecnología estadounidense robada. Para obtener cobertura continua de las batallas políticas que dan forma a la industria de la IA, siga nuestras últimas noticias sobre IA.

Un nuevo frente en la Guerra Fría Tecnológica

La advertencia de Bessent llega en un contexto de desconfianza cada vez mayor. A principios de julio, surgieron informes de que Anthropic había acusado a un proyecto chino de inteligencia artificial de robo de tecnología, una acusación que agudizó las preocupaciones de larga data sobre la rapidez con la que las empresas chinas han cerrado la brecha con sus homólogos estadounidenses. Si bien Bessent no vinculó su amenaza de sanciones a ninguna empresa en particular, el mensaje más amplio fue claro: Washington considera la procedencia de los modelos chinos como una cuestión de seguridad nacional y económica.

Los comentarios del Secretario del Tesoro también reflejan cómo ha cambiado el foco de la política de IA. Mientras que las batallas anteriores se centraban en los controles de exportación de semiconductores avanzados, la lucha actual se centra cada vez más en los propios modelos. La distinción importa: los chips pueden rastrearse, otorgarse licencias e interceptarse físicamente en las fronteras, pero los modelos de software pueden copiarse y transmitirse a través de redes en minutos. Esa asimetría está obligando a los formuladores de políticas a inventar nuevas herramientas de aplicación de la ley.

Las conversaciones de septiembre ofrecen una apertura estrecha

El mismo día que Bessent hizo su advertencia, Reuters informó que Estados Unidos y China celebrarán una nueva ronda de conversaciones sobre IA en septiembre, y se espera que el propio Bessent lidere la parte estadounidense. El diálogo programado ofrece al menos un canal estrecho para que los dos gobiernos discutan la reducción del riesgo, incluso cuando la retórica pública se endurece.

Los analistas han advertido que no se debe interpretar demasiado las conversaciones. Brookings Institution, que publicó su propio análisis a principios de julio sobre cómo las dos naciones podrían cooperar para reducir los riesgos urgentes de la IA, ha argumentado que un progreso significativo requerirá que ambas partes acepten mecanismos de verificación que ninguna de las dos ha adoptado plenamente. Es más probable que en la reunión de septiembre surjan líneas rojas que acuerdos vinculantes.

Beijing pesa sus propios muros

La presión no fluye en una sola dirección. También el 21 de julio, el Financial Times y Reuters informaron que China está considerando controles de exportación más estrictos sobre sus propios modelos y chips de IA, una medida que podría restringir la difusión global de sistemas construidos en China, como el Kimi K3 de Moonshot AI y la familia Qwen de Alibaba.

Esa posible reversión es sorprendente. Durante más de un año, las empresas chinas han aplicado una estrategia agresiva de pesos abiertos, lanzando modelos potentes de forma gratuita en un intento por ganarse la atención de los desarrolladores globales. La estrategia ha funcionado, ya que un análisis ampliamente compartido en Hacker News esta semana argumentó que el enfoque de pesos abiertos de China está ganando la batalla por la adopción por parte de los desarrolladores. Si Beijing ahora restringe esas liberaciones, marcaría un cambio significativo en la forma en que la IA china llega al mundo.

Las dos medidas, Washington amenazando con sanciones y Beijing considerando restricciones a las exportaciones, sugieren que ambos gobiernos están convergiendo en una conclusión similar: los modelos de IA de frontera son demasiado valiosos estratégicamente para dejarlos sin control.

Qué podrían significar las sanciones en la práctica

Si Estados Unidos toma medidas para sancionar los modelos chinos de IA, la mecánica sería compleja. A diferencia de las restricciones a los semiconductores, que pueden afectar a empresas y líneas de productos específicas, las sanciones al software de inteligencia artificial tendrían que abordar cómo se distribuyen, ajustan e integran los modelos dentro de otros productos. El Departamento del Tesoro ha estado ampliando su conjunto de herramientas de sanciones, y la participación de Bessent indica que medidas financieras, como cortar el acceso a transacciones basadas en dólares para empresas sorprendidas traficando con modelos robados, están sobre la mesa.

Para las empresas chinas de IA que se apresuran hacia las ofertas públicas iniciales, la amenaza tiene un peso real. Varias empresas, incluidas Moonshot AI y Z.ai, están buscando cotizar en Hong Kong, lo que depende de la confianza de los inversores en su trayectoria de crecimiento. La perspectiva de sanciones estadounidenses podría complicar esos planes al señalar riesgos a los inversores internacionales.

Un período decisivo para la gobernanza global de la IA

La convergencia de la advertencia de Bessent, las conversaciones previstas para septiembre y la contemplación de Beijing de sus propios controles de exportación marcan un momento decisivo en la forma en que las naciones gobiernan la inteligencia artificial. Durante la mayor parte del auge de la IA, la tecnología se ha extendido más rápido que las reglas destinadas a contenerla. Eso puede estar cambiando.

Que el resultado sea un equilibrio estable, con competencia controlada y barreras de seguridad claras, o una espiral creciente de restricciones que fragmente el panorama global de la IA, dependerá en gran medida de lo que suceda en los próximos meses. Las conversaciones de septiembre serán una prueba temprana. Por ahora, tanto Washington como Beijing parecen estar cargando sus arsenales antes de sentarse a la mesa.

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