El Banco de Pagos Internacionales (BPI), la institución con sede en Basilea que sirve como banco para los bancos centrales del mundo, ha advertido que el auge de la inversión en inteligencia artificial podría terminar en una caída prolongada con consecuencias que repercutirán en todo el sistema financiero. La evaluación apareció en el informe económico anual del BPI publicado el 28 de junio de 2026 y eleva la IA al nivel superior de riesgos que, según la institución, enfrenta ahora la economía global. Para obtener un análisis continuo de las fuerzas que dan forma a la industria, consulte nuestra cobertura empresarial de IA.

El momento fue deliberado. El informe llegó en vísperas del simposio anual de tres días del Banco Central Europeo en Sintra, Portugal, donde los responsables de las políticas globales están examinando los mismos peligros para la estabilidad. Al colocar la IA junto con la inflación y el estrés fiscal en su lista de "puntos de presión", el BIS señaló que ahora trata la huella financiera de la tecnología como una preocupación macroeconómica de primer orden.

"Corrientes cruzadas de progreso y peligro"

"La economía global sigue atrapada en la contracorriente del progreso y el peligro", escribieron funcionarios del BIS en el informe. "La resiliencia está siendo cada vez más puesta a prueba y tensión". La institución enmarcó los riesgos liderados por la IA como prominentes entre las vulnerabilidades que podrían amplificar cualquier shock futuro, argumentando que el momento actual exige atención de los responsables de las políticas antes de que las tensiones aumenten más.

El BIS no discute que la IA representa un verdadero progreso tecnológico. Su preocupación es el andamiaje financiero que se ha erigido en torno a ese progreso: las enormes sumas de capital, los complejos acuerdos de financiación y la suposición de rendimientos cada vez mayores que los sustentan.

Del auge del gasto de capital a la "caída prolongada de la inversión"

La advertencia central del informe sobre la IA se refiere a la trayectoria del gasto de capital. Después de que se invirtiera aproximadamente 1 billón de dólares en infraestructura de IA, el BIS advirtió que una brecha entre esa inversión y los ingresos que finalmente genera podría resultar peligrosa.

"La decepción en los rendimientos podría desencadenar una repentina retirada de la financiación y convertir el auge del gasto de capital en una caída prolongada de la inversión, con posibles efectos en cadena sobre las condiciones financieras", dijo el BIS. La institución fue más allá, argumentando que "una corrección importante del mercado de valores podría tener consecuencias macroeconómicas mayores hoy que en el pasado", una observación precisa dado el peso que las acciones de IA han impulsado las recientes ganancias del mercado.

Ecos de 2008 en el mercado crediticio

Quizás el pasaje más crudo del informe se refiere al crédito. El BIS trazó un paralelo explícito con la crisis financiera global de 2008, advirtiendo que cualquier revaloración del riesgo –ya sea provocada por tasas de interés más altas o por una caída de la IA– “tiene el potencial de ser igualmente disruptivo” en el segmento de crédito.

La preocupación tiene su origen en cómo se financian las empresas de IA. El BIS destacó lo que llamó acuerdos de "financiamiento circular" que combinan capital, deuda y contratos entre proveedores y clientes de manera opaca. Los fabricantes de chips y los operadores de nube a hiperescala, por ejemplo, han adquirido participaciones accionarias en laboratorios de inteligencia artificial o proveedores especializados de "neonube", que a su vez se comprometen a comprar chips o potencia informática durante varios años. La construcción de centros de datos se subcontrata cada vez más a terceros que arriendan las instalaciones a los hiperescaladores mediante contratos a largo plazo con cláusulas de salida integradas.

"Los términos de tales acuerdos normalmente no se divulgan bien, con el riesgo de que el mismo activo se comprometa varias veces", escribieron los funcionarios. Ese lenguaje se hace eco de la descripción de obligaciones de deuda garantizadas y riesgo reenvasado que definieron el período anterior a 2008, y sugiere que el BPI ve peligros comparables creciendo dentro de la cadena de suministro de IA.

La inflación y el estrés fiscal agravan el peligro

La alerta de la IA no llega de forma aislada. El BPI también advirtió que la inflación podría regresar, complicando la capacidad de los bancos centrales para amortiguar cualquier desaceleración. La institución señaló que es posible que un reciente shock energético vinculado a la inestabilidad de Medio Oriente no se resuelva completamente y que sus efectos persistentes podrían mantener elevadas las presiones sobre los precios. Su jefe, Pablo Hernández de Cos, dijo a los periodistas que el último shock del costo de vida en 2022 "aún está en la memoria de los agentes económicos", lo que aumenta la probabilidad de que se produzcan "efectos de segunda ronda" que se autorrefuerzan en salarios y precios.

Encima hay una advertencia familiar sobre la deuda soberana. El BIS reiteró que un elevado endeudamiento público deja a los gobiernos con un espacio fiscal limitado para responder a una recesión, una limitación que se agudiza si una caída de la IA afecta simultáneamente los ingresos fiscales, las ganancias corporativas y el empleo en un sector que ha impulsado gran parte del reciente optimismo económico.

Una advertencia para la industria de la IA, no un rechazo a la IA

El informe tiene cuidado de no descartar la inteligencia artificial en sí. El BIS reconoce el potencial de la tecnología y no pide que se detenga la inversión. Su argumento es más limitado y más directo: que la arquitectura financiera que respalda el auge ha crecido más rápido y más complejo de lo que los rendimientos subyacentes aún pueden justificar, y que la opacidad de los acuerdos que vinculan a los fabricantes de chips, los proveedores de la nube y los laboratorios de inteligencia artificial crea riesgos que los mercados y los reguladores actualmente no pueden ver con claridad.

Para la industria de la IA, el mensaje es sobrio. Una década de capital barato y optimismo ilimitado ha financiado un extraordinario desarrollo de la potencia informática. El BPI se pregunta ahora, en nombre de los bancos centrales del mundo, qué sucede con esa construcción –y con el sistema financiero que la financió– si los rendimientos no son suficientes.

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