La cantante ganadora del Grammy, SZA, condenó públicamente a la compañía de música AI Suno después de descubrir que 238 de sus canciones, incluidas pistas inéditas, se utilizaron para entrenar sus modelos de música generativa. La artista calificó la práctica de "repugnante" y advirtió que las herramientas musicales de IA plantean lo que describió como una "nueva amenaza peligrosa" para los músicos negros en particular.
El estallido, que se extendió rápidamente por los principales medios musicales, incluidos Variety, VICE, NME, Complex y Stereogum, durante el fin de semana del 20 al 21 de junio de 2026, marca una de las revueltas de artistas de más alto perfil hasta el momento contra las prácticas de entrenamiento de IA generativa en la industria musical. Para más contexto sobre esta historia, consulta nuestra noticias de IA.
238 canciones, incluido material inédito
Según informes de TheGrio, Yahoo y NME, SZA se enteró de que 238 de sus grabaciones habían sido ingeridas por sistemas de inteligencia artificial creados para generar música. Variety y el agregador de noticias inkl confirmaron que la cifra incluía pistas inéditas, elevando las apuestas más allá del conocido debate sobre las licencias de catálogos hacia preguntas sobre cómo el material filtrado o inédito ingresa a los conjuntos de datos de entrenamiento.
VICE identificó a la empresa en el centro de la disputa como Suno, una de las principales startups de música con IA generativa. El medio informó del veredicto contundente de SZA: "no había nada que pudieras decirme para arreglar esto".
La escala de la cifra, 238 canciones, sorprendió a muchos observadores porque sugiere una absorción amplia del catálogo de un artista en lugar de pistas aisladas. Para una artista de un sello importante cuya discografía oficial abarca varios álbumes, el número implica que la mayor parte de su trabajo publicado, además del material que nunca llegó a los servicios de streaming, fue incluido en el modelo.
'Repugnante' y 'Degenerado'
SZA no limitó sus críticas a la tecnología en sí. Complex informó que etiquetó a los músicos que apoyan la música generada por IA con una blasfemia, calificando la tendencia de "repugnante" y "degenerada". Variety y NME se hicieron eco de la caracterización, y NME informó que ella criticó la música de IA "repugnante" después de enterarse de los datos del entrenamiento.
La frustración refleja una creciente brecha dentro de la industria de la música, donde algunos creadores y productores han adoptado herramientas de inteligencia artificial para la ideación y la producción, mientras que otros argumentan que los modelos entrenados en grabaciones protegidas por derechos de autor sin consentimiento equivalen a una apropiación sistemática.
Llamando la atención de los inversores de Diplo y Suno
SZA amplió sus críticas más allá de la tecnología de Suno a artistas individuales con vínculos financieros con la empresa. Stereogum informó que "advierte que AI está explotando a los artistas negros" y nombró específicamente al productor Diplo. El International Business Times del Reino Unido publicó el mismo relato bajo el titular de que SZA "critica el capital de Diplo en Suno AI" y dice que la música negra "ahora se enfrenta a una nueva y peligrosa amenaza".
La invocación de Diplo es significativa porque desplaza la conversación de un debate abstracto sobre algoritmos a preguntas concretas sobre quién se beneficia cuando un modelo se entrena con el trabajo de otros artistas. Si productores destacados poseen acciones en las mismas empresas que ingieren los catálogos de sus pares, sostiene SZA, los incentivos financieros van en contra de los artistas cuyas grabaciones construyeron los modelos.
El planteamiento de SZA, de que la música basada en IA amenaza desproporcionadamente a los artistas negros, aprovecha una preocupación más amplia planteada por músicos y defensores del R&B, el hip-hop y el soul, géneros que se muestrean en gran medida y en los que ahora se entrena intensamente. Los críticos argumentan que debido a que estos géneros se encuentran entre los más ricos en datos y comercialmente más influyentes, sus creadores soportan una parte desproporcionada del riesgo cuando los modelos generativos mercantilizan sus estilos.
Un análisis de los datos de formación en toda la industria
El choque es el último punto álgido de una batalla legal y ética que ha envuelto al sector de la música generativa. Suno y sus competidores se han enfrentado a demandas de importantes sellos discográficos alegando que sus modelos fueron entrenados en grabaciones protegidas por derechos de autor sin licencia. En general, las empresas han argumentado que el uso de datos de capacitación está permitido, aunque los tribunales y reguladores aún están trazando límites.
Lo que hace resonar el caso de SZA es la especificidad: un artista nombrado, una compañía nombrada, un recuento preciso de canciones y la revelación de que se trataba de material inédito. Esos detalles dan a la disputa un rostro humano del que a menudo carecen los documentos legales abstractos, y es probable que aumenten la presión sobre las empresas de música de inteligencia artificial para que revelen y concedan licencias sobre sus datos de entrenamiento.
¿Qué viene después?
Es poco probable que el episodio sea el último. A medida que las herramientas de música generativa se vuelven más capaces y utilizadas, se espera que se intensifiquen las tensiones entre los constructores de modelos y los artistas discográficos. Son posibles varios resultados: una divulgación más clara de los conjuntos de datos de entrenamiento, acuerdos de licencia voluntaria con los principales sellos discográficos, nuevos litigios o nueva legislación que aclare cuándo se pueden utilizar grabaciones protegidas por derechos de autor para entrenar la IA.
Por ahora, la postura de SZA es inequívoca. Como se informó en varios medios, ella considera la formación de modelos en su catálogo, especialmente las canciones inéditas, como una línea que no debería haberse cruzado. Sus comentarios añaden una voz prominente y dominante a una causa que hasta ahora ha sido defendida principalmente por grupos comerciales de la industria y una coalición de artistas independientes.
Queda por ver si esa presión obliga a cambios en Suno y sus pares. Pero el mensaje de una de las estrellas más importantes de la música es claro: los artistas están prestando atención a lo que alimenta las máquinas y no están contentos con lo que encuentran.
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